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jueves, 21 de mayo de 2026

Hércules, Orfeo y la paciencia de Atalanta.

 




Desde la proa del Argos, 

con el mar oliendo a alga y tragedia,

 yo, Atalanta, hija del monte, 

presencié otra épica necedad helenia. 

Porque claro, tras monstruos, dioses y muertos,

tras navegar por tormentas y abismos inciertos,

los héroes más grandes de toda Tesalia 

decidieron medirse... 

La entrada al Hades. Vaya mucha diaria…

“¡YO bajé rompiendo puertas!”

rugió Hércules inflado, 

con bíceps del tamaño de un templo mal tallado “¡Cerbero gimió al verme entrar!”

“¡Hasta Caronte me dejó pasar sin pagar!”

Y Orfeo, abrazando su lira dorada,

respondió con voz suave, dramática y exagerada:

“Entrar pegando gritos no tiene elegancia,

yo hice llorar sombras con pura resonancia.”

“¡Bah!” gruñó Hércules, golpeando un barril, 

que salió volando como un pobre proyectil

“Tu viaje fue un concierto funerario!”

“¡Y el tuyo un accidente penitenciario!”

Los argonautas miraban en círculo cerrado,

como si Zeus mismo hubiera apostado.

Jasón fingía estudiar un mapa arrugado, 

porque meterse ahí era morir aplastado.

Y yo... YO estaba delante, apoyada en mi mano, preguntándome en qué momento exacto y lejano 

pasé de cazar jabalíes salvajes en Arcadia 

a ser niñera emocional de esta tragicomedia.

Puse los ojos tan arriba 

que casi vi el Olimpo desde la cubierta. 

Si Atenea me observaba, seguro pensaba:

 "Esa muchacha merece una taberna bien pagada."

Porque allí estaban;


Uno enseñando músculos sudorosos,


el otro haciendo acordes melodiosos,


discutiendo quién descendió mejor al Inframundo


Inframundo...


como si hubiera premios. 

Como si hubiera Segundo.




Orfeo tocó una nota intensa y sombría,


Hércules arrancó media barandilla y rugía,


y un marinero susurró con mucho tino:


"como sigan así, volvemna al Hades por el camino."

Entonces suspiré,

larga, profundamente, con dolor ancestral, 

ese tipo de suspiro que anuncia fatiga física,

mental y espiritual.

Y dije:

“Escuchad, campeones del ego infinito:

uno bajó cantando y otro bajó a gritos.

Perfecto. Maravilloso. Hazaña sin igual.

Ahora sentaos los dos... o juro por Artemisa

que os mando otra vez, pero esta vez juntos, y a pie, hasta el mundo infernal."

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