Etiquetas

jueves, 7 de mayo de 2026

El hombre de la bandera.


¿Quién no ha tenido una experiencia paranormal o ha tenido una anécdota extraña para contar? Siempre me han encantado este tipo de historias y, sobre todo, escucharlas de sus propios testigos. La típica pesada que te preguntaba en cualquier momento random si habías visto un fantasma, ¡era yo! Y una vez, entre todos los testimonios que he conseguido recopilar a lo largo de los años, siempre hubo una anécdota curiosa de algo que le pasó estando con su primo, Ale.

Esta historia es de las más extrañas y curiosas que me contaron y, ya sea por la forma que ambos tuvieron de contármelo en varias ocasiones, siempre quise escribirla.

Hoy, en lo que yo considero un muy propio homenaje a “Pesadillas”, los libros que devoraba todos los veranos, quiero compartir con vosotros esta historia con tono cómico. 

Te la dedico a tí, Ale. Espero que te guste y que te ayude, aunque solo sea por un momento, a despejarte de otras cosas nublosas. ¡Un abrazo enorme!


  


El hombre de la bandera.



Aquella noche, El Portil venía con guion sencillo y final previsible; dos chavales reventados, primos bien compinchados, uno de Huelva, otro de Sevilla, caminaban resignados, subiendo la típica cuesta maldita después de un día de playa intensito, con más arena que estilo y más sueño que juicio, avanzando despacito porque el cuerpo iba en modo "necesito cama y bocadillo", todo muy tranquilo... Hasta que el misterio dijo "hola, vengo a liarla un poquillo".

 

Entre pinos que crujen y raíces que asoman, de esas que te enganchan el pie y te hacen la broma, iban charlando sin prisa ni pena, cuando de pronto en la pared blanca de una casa, como salida de una escena un poco cutre pero muy plena, apareció una sombra tan clara y tan chula que parecía sacada de una película, pero de bajo presupuesto y con guion que especula… Un señor ahí plantado, tieso como un soldado, iy con una bandera en la mano, ondeando emocionado!, como si estuviera en un desfile improvisado... Pero sin desfile, sin público y sin nadie al lado.

 

-Tú... ¿estás viendo esto o estoy delirando? -dijo uno medio en serio, medio improvisando.

-Lo estoy viendo... y sinceramente, me estoy preocupando -respondió el otro, ya con el plan de huida organizando.

 

La cosa no acababa ahí, porque para darle más salseo al asunto y subirle el nivel al susto, la sombra tenía un efecto de flash, como si alguien hiciera fotos ¡clic, clic! pero sin nadie detrás… Ni cámara ni luz, ni lógica ni track. Aquello era raro, raro de narices, de esos que no explicas ni aunque lo analices.

 

Entonces, con ese valor que dura lo justo antes del susto gordo, decidieron girarse en busca del “artista del fondo", esperando encontrar a alguien, lo que fuera, un vecino aburrido, un turista que curra, un fantasma moderno con cámara y postureo... Pero nada de nada, ni rastro, ni hueco. Calle vacía, silencio total, cero personas... situación paranormal.

 

Se vuelven al frente... Y ahí seguía la función, la sombra tan tranquila, sin pedir explicación, como diciendo: “sí, soy rara, ¿y qué pasa, campeón?", y ahí fue cuando se activó la conexión: mirada entre primos, sincronización total, y sin decir palabra...

 

"¡corre, animal!"

 

Y vaya espectáculo lo que vino después, porque esa cuesta infernal se convirtió en test. Las chanclas sonaban como aplausos sin control, y el corazón iba a ritmo de batucada en festival. Subieron volando, sin mirar atrás, batiendo récords que ni ellos creían jamás, dejando el orgullo tirado por el camino y corriendo más rápido que en cualquier examen de último minuto.

 

Llegaron arriba reventados pero vivos, entre risas nerviosas y comentarios repetidos: "¿tú lo has visto?" "yo sí lo he visto". Y así nació, entre sudor, susto y carcajada, la historia más famosa de aquella temporada veraneada: "El hombre de la bandera", leyenda consagrada, mitad risa asegurada, mitad intriga no aclarada.

 

Y es que en El Portil, entre playa y amigos, entre fútbol y planes algo creativos, también hay sitio para lo inexplicable, lo raro, lo que no tiene manual ni algo comparable... pero sobre todo, para correr cuesta arriba como si te pagaran por kilómetro acumulable

No hay comentarios:

Publicar un comentario