viernes, 23 de diciembre de 2016

Los espíritus ahogados.






¡Hola a todos!

Ya llevaba unos diítas sin publicar una entrada, ¡pero hoy he vuelto con una nueva que es muy importante para mí!
Como ya muchos de vosotros sabéis, hace unos meses publicaba "extrañas historias de Japón", un libro formado por un buen puñado de relatos, cada uno de ellos dedicado a un yokai en concreto.
Disfruté mucho escribiendo cada uno de los relatos, por lo que al poco de tenerlo publicado me surgió la idea de escribir un segundo libro, pero esa vez dedicada exclusivamente a los yurei, los equivalentes orientales a nuestros fantasmas de toda la vida.



Como algunos de vosotros sabréis, en la cultura japonesa existen dos grupos de seres que abarca la mayoría del amplio abanico que conforman las costumbres más especiales del país nipón. 
Por un lado están los yokai, seres mitológicos protagonistas de varias leyendas que serían capaces de dejarte helado, tales como la famosa kuchisaque-onna, el salvaje y pequeño kappa o la aterradora, pero a la vez hermosa, yuki-onna. Mientras, por otro lado tenemos a los yurei, aquellas almas de los fallecidos que vuelven al cargar con una cuenta pendiente, o para vengarse de alguien.
En nuestra cultura un fantasma es un fantasma, quiero decir, todos entran en el mismo saco de ser aquellas almas atormentadas de los fallecidos a los que aún les queda alguna cuenta pendiente o tienen algo que decir. En Japón, estos mismos seres se clasifican por clases según haya sido el motivo que los llevó a la muerte, o la causa por la que vuelven a atormentar a los vivos una y otra vez. Por ejemplo: Se lama Ubume al fantasma de una mujer que murió durante el parto o dejando niños pequeños en la tierra, ellas suelen volver para alimentar a sus hijos o incluso jugar con ellos. Los Onryo son los fantasmas vengativos que vuelven para atormentar a los vivos por algo que han hecho mal o simplemente hayan dejado de hacer, mientras, los Goryo son seres igualmente vengativos, solo que pertenecientes a la clase aristocrática.

A algunas de estas clases de yurei les dedico un relato en "extrañas historias de Japón II", pero mientras termina de salir del horno os dejo un pequeño adelanto, ¡para que os terminen de entrar las ganas de haceros con él!
Este primer relato trata sobre los espíritus pertenecientes a aquellas personas que han perecido en el mar, los cuales, sorprendentemente, parecen guardar una gran ..... hacia los vivos.
¡Espero que lo disfrutéis!
Besos





                FUNAYUREI                 

船幽霊

—¡Oh, mierda! —grité.  
La única botella de agua que tenía se me acababa de caer sobre aquellas afiladas rocas, y una brecha enorme se había abierto en ella. Me había quedado sin agua...
Nozomi, mi amigo japonés, me lanzó una mirada asesina.
—Cuidado con las palabrotas… —Me susurró.
Yo asentí casi avergonzada.
La educación y amabilidad que poseían los japoneses, comparada con la de los españoles, se me antojaba incluso estricta.
Por suerte, su abuelo, el Señor Oguma, no me había oído y continuaba su camino, guiándonos a través de aquella playa, apoyándose en su retorcido bastón. No dejaba de sorprenderme la vitalidad que podía tener aquel hombre de ochenta y cinco años.
Conocí a Nozomi el año pasado, durante unas vacaciones que pasaba en España. Sorprendentemente, él se sentía tan atraído por la cultura occidental como yo por la oriental, y de alguna manera quería devolverme el favor que considera que le hice al convertirme por aquel entonces en su guía turística y enseñarle todas las costumbres y comidas de mi país en solo tres meses.
Desde que había llegado, ya había conocido Tokio, el monte Fuji (no me podía morir sin verlo), las tumbas de los cuarenta y siete ronin, o, mejor dicho, de los cuarenta y seis. También habíamos estado en casi una veintena de templos budistas, algunos de ellos dedicados a los zorros sagrados de Japón, y en no sé cuántos lugares más… Creía que ya no me quedaba nada por ver, hasta que Nozomi me llevó a conocer a su abuelo, el Señor Oguma, uno de los chefs más demandados en su país por su amplia experiencia con el fugu. La captura del Fugu era algo que mi amigo consideraba que no debía perderme, aunque los viajes en barco no me resultaran especialmente agradables. El fugu era considerado una exquisitez en Japón, pero a su vez también era uno de los platos más letales del mundo si no era preparado por unas manos expertas. Era cocinado por muy pocos chefs en el mundo, pero si teníamos suerte en la captura podría estar tranquila.
El sol ya empezaba a caer cuando alcanzamos la pequeña barca. El Señor Oguma  fue revisando uno por uno los cebos de las redes, no había habido suerte…
—Aún es temprano, podemos esperar un poco más, a ver si pica alguno —dijo Nozomi, traduciendo las palabras de su abuelo—. ¿Te marean los barcos?
—No, para nada —mentí.
El Señor Oguma me miró y me sonrió, algo que me sorprendió bastante, ya que era la primera vez que lo hacía en todo el día.
“Que gente más reservada”, pensé.
Rezando para que aquel viaje fuera corto me subí a la barca, su tambaleo nada más poner el pie ya casi me pareció mareante. Nozomi y su abuelo me imitaron y, poco a poco, la embarcación fue alejándose de la orilla gracias a los remos que el Señor Oguma tan diestramente manejaba.
Los minutos pasaban casi volando, el sol cada vez se ocultaba más tras las montañas, la visibilidad disminuía… Poco a poco, la barca entró en lo que parecía una cueva, algo que me encantó. Al principio pensé que era una cueva, pero luego descubría que era uno de esos túneles que forma la marea, y era mucho más largo de lo que me esperaba, pues aún no se veía salida al otro lado.
Durante varios minutos permanecimos en silencio, como hipnotizados por el silencio de ultratumba que dominaba aquel lugar, la tenue luz del farolillo que el Señor Oguma había colocado en la proa de la pequeña barca iba iluminando el camino, el cual me parecía cada vez más tenebroso. De repente comencé a sentir frío, y mi amigo también. Su abuelo, que tan lentamente remaba ahora, permanecía con los ojos cerrados, pareciendo meditar mientras atravesábamos aquel estrecho túnel, cuyo recorrido parecía conocerse a la perfección.
—Ahora está rezando. —Me informó Nozomi, al verme mirar tan extrañada al anciano.
—¿Por qué lo hace? —Le pregunté yo, no veía sentido al rezar en un ligar y un momento como aquel.
—Reza por las almas de aquellos que perecieron atravesando este túnel.
—¿Cómo? —El frío pareció llegar a mis huesos de golpe—. ¿Ha muerto gente aquí?
Nozomi Iba a contestarme, pero no pudo, algo se lo impidió. Con su mirada fija en algún punto detrás de mí, fue levantado lentamente la mano, señalando temblorosamente a la vez que sus labios formaban la primera sílaba de una palabra que fue incapaz de pronunciar.
El Señor Oguma también pareció presentir algo, rápidamente abrió los ojos y miró hacia el punto que su nieto señalaba. De repente, sus pequeños orbes parecieron querer salir de sus órbitas, y su boca formó una mueca de auténtico terror.
El verlos a ellos dos así produjo en mí un escalofrío intenso, helado… Lentamente me fui volviendo, quería ver, quería saber lo que había causado aquella reacción en ellos…
Pero al mirar a mi espalda no vi nada, solo una extraña luz que parecía venir de debajo del agua. En seguida pensé en esos extraños peces que poseen una especie de linterna sobre su frente, pero… Esos seres solían vivir a cientos y cientos de metros de profundidad, no era posible que aquel resplandor procediera de uno de ellos…
Con la mirada fija en la superficie del agua, vi como poco a poco algo asomaba de ella, ¡una persona, una mujer! Su cabello, larguísimo, formaba una ondeante capa oscura al flotar alrededor de su cabeza, la luz que venía del fondo del agua iluminaba su rostro dándole un tétrico aspecto fantasmal, y su expresión reflejaba el más absoluto cansancio, como si ya llevase en aquel túnel varios días sin poder salir.
Mi corazón se detuvo al observar a aquella quimérica figura, sobre todo cuando está alargo una de sus manos hacia mí, ya que mis dos acompañantes se habían arrejuntado en la otra esquina de la pequeña barca, como queriéndose alejar de tan peligrosa aparición.
En un principio yo no entendía nada, solo los miraba con ojos enormes, como queriéndoles decir que esa mujer necesitaba ayuda, pero de mi boca no salieron palabras…
Volví a girarme hacia aquella desgraciada que ahora parecía pedirme algo, pero de su boca tampoco salían sonidos, ni siquiera el más mínimo quejido. Casi adivinando las necesidades que tendría, rebusqué en mi mochila la botella de agua, la cual le extendí y ella agarró como si fuera lo último que cogería en su vida. Rápidamente se la llevó a la boca, pero ni una sola gota rozó su lengua. ¡Era cierto! ¡No me acordaba! Hacía solo un rato que la botella se me había caído sobre las rocas, y una pequeña grieta se había abierto en ella.
Cuando iba a volverme hacia mis compañeros para preguntarles si ellos llevaban más agua, aquella mujer me miró de una manera muy poco propia de un ser humano, en sus ojos se reflejaba un odio atroz, un odio hacia la vida que yo aún poseía… Lentamente volvió a hundirse en el agua sin parpadear a medida que la luz que la iluminaba se iba extinguiendo poco a poco. Solo mi botella vacía quedó flotando en la tranquila superficie, como si nada hubiera pasado, como si aquella aparición no se hubiera producido…
—¿Estás bien? —Me preguntó Nozomi, acercándose de nuevo a mí. En su frente aún quedaban restos del sudor frío que le había provocado el miedo.
Las ganas de sermonearle, de pedirle explicaciones de porque no había prestado su ayuda a aquella mujer se desvanecieron de golpe. Mi cuerpo entero empezó a temblar, no comprendía nada…
—¿Qué ha sido eso? —Le pregunté con un susurro tembloroso.
—Cuando lleguemos a la playa te lo explicaré, hemos tenido suerte de que tu botella estuviera rota…



Los funayurei son los espíritus de los que han fallecido ahogados en el mar, por lo que, sedientos, buscan venganza atacando a los vivos.
Estos seres se acercan a las embarcaciones con la excusa de pedir un cucharon de hishaku a sus tripulantes, si se les entrega, empezaran a llenar de agua el barco, sin detenerse hasta que éste se hunda. Es por este motivo por el que en muchos de los barcos japoneses siempre llevan un hishaku con el fondo agujereado, por si acaso…



El típico hishaku japones.




Para todos aquellos que no sabían de mi primera obra "extrañas historias de Japón", aquí les dejo el enlace de descarga directa de Amazón. De momento solo está disponible en formato digital (kindle), ¡pronto también estará en formato físico!












15 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Hola, Alberto!
      ¡¡Sii! La cultura nipona es super interesante, sobre todo cuando se trata de temas tan especiales como este. Aunque siempre me imaginé que a ellos les ocurre lo mismo con la nuestra, pues puede haber muchas cosas maravillosas a nuestro alrededor, pero por desgracia nos pasan más desapercibidas al lado de otras al verlas todos los días.
      ¡Un saludo y gracias por pasarte!

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  2. OH estuvo muy interesante este relato y toda la aclaratoria del contexto. Esos pequeños detalles de las historias japonesas son las que las hacen más enriquecedoras y geniales. Saludos Ana!

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    1. Totalmente de acuerdo contigo, Jose. Son tantos los detalles que tienen en cuenta los nipones para crear sus propias historias y leyendas urbanas (a cada cual más extraña), que es precisamente por eso por lo que nos parecen tan fascinante. Pero es que además, las consideran como advertencias, como ejemplos de gente real a la que le han ocurrido ciertas desgracias por no hacer las cosas como estos relatos advierten.
      Tienen monstruos y criaturas para todo, como por ejemplo el akaname, la criatura que se alimenta de la roña del baño si no lo limpias bien, dándote mala fama si la gente lo llega a ver. ¡Como para no tener el baño limpio en Japón! Jajajajaja.

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  3. Muy buen relato, se nota el trabajo de documentación, además del buen pulso narrativo con el que manejas la historia. Muchos éxitos!

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    1. ¡Muchísimas gracias, David! Y que los dioses te oigan! Jajajaja.

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  4. Yo, como tú, me siento atraído por la cultura nipona, sobre todo de un tiempo a esta parte por influencia de otras personas integradas en ella. De hecho, estoy planeando hacer un viaje en familia a Japón, aunque todo depende, como siempre, de tiempo y dinero… ah, y de conciliar los planes de todos, ja, ja.

    El caso es que me ha gustado mucho tu relato, Ana. Respira ese ambiente, entre el terror y la leyenda de los mitos orientales y el cine moderno, pues la narración, aparte de atractiva, resulta muy visual. Manejas muy bien la tensión narrativa y has utilizado la documentación perfectamente. Se nota que sabes de lo que hablas, que no son simplemente búsquedas en la “Wikipedia” metidas con calzador, y que, además, te gusta. Se respira esa cuidada labor, y eso se agradece. Un placer de lectura, desde luego. Me apunto tu primera serie de Extrañas Historias de Japón para, en cuanto encuentre un hueco de lectura (cosa nada fácil últimamente) bajármelo y leerlo, porque me interesa. Y bueno, en espera de más.

    Un abrazo y Feliz Año

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    1. ¡Hola, Isidoro!

      Que buena coincidencia, jajajaja, creo que después de Egipto no hay otro lugar que más me llame la atención. Aún no he tenido la suerte de conocer Japón, ¡pero espero que tu puedas realizar ese estupendo viaje en familia muy pronto! Realmente tiene que ser impresionante, y, ¿quién sabe? Quizá nos acabe tocando la lotería, jajajaja.
      Personalmente me encanta escribir sobre leyendas pertenecientes a diferentes culturas, y más si me gustan tanto. Pero lo más sobrecogedor de algunas de ellas, como esta que has leído, es la creencia tan firme que los nipones tienen en los yurei, creo que eso es lo que en realidad me gusta tanto.
      ¡Por supuesto me encantaría que leyeras mi libro! Creo que con lo que me cuentas lo disfrutarás especialmente.
      ¡Un besote y feliz año nuevo a ti también!

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  5. Hola! Te sigo, mi blog es https://libertaddeloslibros.blogspot.com.es/
    Un beso

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    1. ¡Hola!
      ¡Gracias por seguirme y por la invitación!
      ¡Un saludo!

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  6. ¡Recuerdo este relato! ¡Me encantó! Sigue así, Ana. Los relatos breves se te dan genial. ¡Un abrazo!

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    1. ¡Gracias, amiga! ¡Seguiré así! Ja, ja, ja.

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  7. Hola, suena muy interesante, espero a tenerlo en físico.

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    1. Hola, Carolina!
      Que bueno que te parezca tan interesante! Ahora mismo estoy trabajando para poder ponerlo también a la disposición en formato físico, en cuanto lo haga lo avisaré por aquí!
      Un saludo!

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