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martes, 24 de mayo de 2016

El cuervo




Lo que a continuación quisiera compartir con todos vosotros es algo que nunca me había planteado hacer, ya que siempre he considerado que continuar algo que ha empezado otra persona me parece un sacrilegio para su memoria. Pero es algo que me salió del corazón, como si sintiera un arrebato, fruto de la gran pasión que siempre sentí hacia uno de los más grandes escritores románticos de nuestra historia, que me empujara a hacerlo.
Para él no había un tema mejor para tratar en sus poemas que el del desamor humano, sobre todo aquel que habla de la perdida de la amada justo en el momento en que disfrutaba de su belleza y juventud. Pero yo pienso… ¿Por qué los mejores poemas de amor son los que tratan temas trágicos? ¿Por qué no al contrario? ¿Por qué no los que tratan de un amor encontrado, de un bonito reencuentro, o que simplemente tengan un desenlace prometedor?
Ya sea porque quise ponerle un desenlace feliz a uno de sus más famosos poemas, hermoso por su aire triste y melancólico que tanto caracterizaban a su autor, nació el que os muestro hoy.
La protagonista de mi poema, al igual que el del suyo, recibe esa inusual visita que la martiriza con las dos mismas palabras: “Nunca más”, pero que en esta ocasión, encierran un mensaje completamente distinto y opuesto. Es por ello también que he querido hacerlo de la forma más fiel y parecida posible a su antecesor, para que así, se pueda asemejar más a una continuación del mismo, cargada con un poquito de esperanza, que a un poema independiente.
Dicho todo esto, os presento mi propio “cuervo”, siempre desde el mayor respeto que un autor novel pueda sentir por uno de los grandes. Espero de verdad que os guste, y que disfrutéis leyéndolo tanto como yo lo hice escribiéndolo.




EL CUERVO

Ya casi estaba dormida, con la cabeza hundida en el sofá,
cuando las fatigadas campanadas de media noche me volvieron a despertar,
rompiendo mi silencio, de nuevo oscureciendo mi soledad…
Arrastrando con ellas tan tristes y fúnebres recuerdos de días pasados,
desde los cuales, mi encogido corazón parecía haberme abandonado.
“Se ha ido con él—me dije—ya no lo necesitarás más”.

Ah!… Recuerdo claramente esos ojos que tan fijos me miraban,
las tiernas caricias que me abrumaban,
y aquellos brazos que tan tibiamente me arropaban.
Aquellos brazos… Los mismos que ayudaban
a alejar de mi la oscuridad,
Y que tan precipitadamente se alejaron para ya no volver más.

De repente, mi temeroso corazón en mi pecho volvió a saltar,
pues un leve golpe en la ventana lo había hecho reaccionar.
Curiosa, intenté adivinar lo que había al otro lado de la ventana,
“Será—dije—algún animalillo, quizá la rama de un árbol
que ha ido a chocar contra el cristal de la ventana.
Eso es todo, y nada más”.

Cansada y abrumada, me senté en el sillón junto al fuego,
sus cartas habían sido mi único consuelo, mis compañeras de duelo.
Las había leído una y otra vez, durante aquellas largas noches de soledad…
Ahora, negras hileras saladas habían borrado las hermosas palabras
que formaban las más hermosas promesas, ahora rotas…
Promesas que ya tan solo por mi memoria serían recordadas.

De nuevo, aquel molesto ruido me arrancó de mi aflicción,
temerosa, miré hacia la ventana, medio escondida tras del sillón.
Me sentía como una niña leyendo historias de terror,
esas en las que el asesino ha irrumpido en el caserón.
Una ráfaga de viento frío había abierto los postigos,
haciendo bailar las llamas, ondear los visillos…

Rápida, me dispuse a cerrarla de nuevo,
pero solo cuando estaba a punto de hacerlo,
irrumpió en mi habitación, con alas plegadas, un atezado cuervo.
El descortés invitado, revoloteó con aires desconsiderados,
y después de haber dado dos vueltas a la habitación,
se posó sobre el sillón, luego sobre en el montón de cartas, y nada más.

Con la respiración contenida me quede observando a esa ave decidida,
que con su figura erguida parecía mirarme orgullosa sobre la correspondencia recibida.
Durante varios segundos me sentí cohibida,
temerosa como pocas veces en mi vida.
Cautelosa, volví a abrir la ventana, instándolo a retornar,
a lo que esa ave maldita me contestó sin vacilar: “Nunca más”.

Permanecí aturdida unos instantes, sin saber cómo reaccionar,
en sus negros ojos brillaba el reflejo de las llamas con aire sobrenatural…
“¿De verdad me había hablado?—Pensé—No,
solo ha sido tu trastornada mente,
tu cerebro maltratado por la falta de sueño.
Eso es todo, y nada más”.

Intencionadamente dejé ligeramente abierto el ventanal,
y volví a sentarme junto al él, junto al fuego del hogar.
“Ya te irás”—pensé,—“todos se van”. Pobre de mí…
 ¡Oh! Markus… Maldito fue el día en que me dejaste
maldito fue el día en que zarpaste hacia alta mar,
ese mar que ya sería tu tumba, por siempre jamás…

Volví a coger las cartas, preparada para seguir leyendo,
acariciando cada una de ellas como si fuera un rico lienzo,
dispuesta a seguir martirizándome con cada palabra grabada en ellas,
palabras que me hicieran volar…
Más ni una sola de ellas logré arrancar,
pues sentía aquellos ojos de ébano volviéndome a mirar.

Molesta, me volví hacia avechucho,
descubriendo su lóbrega silueta recortada entre las llamas,
que de pronto me hizo sentir azarada.
Acobardada, y casi susurrando,
le rogué de nuevo que se apresurara a marchar,
a lo que el cuervo volvió a contestar: “Nunca más”.

“¡No te he invitado!—Le grité.—Has sido tú el que ha
entrado sin permiso, perturbando mi soledad…
Vete, sal ahora mismo por la ventana
y pensaré que solo ha sido fruto de la casualidad
lo que te ha traído aquí”.
Y el cuervo dijo: “Nunca más”.

Furiosa me levanté, hasta ponerme frente a él.
“¿Quieres atormentarme? Vete ahora, sal por la ventana
y pensaré que solo estás aquí por casualidad”.
Repetí aquella súplica por tres veces, casi con brusquedad,
hasta que ya, antes de volver a empezar…
El cuervo dijo: “Nunca más”.

La sangre corría y latía en mis venas a toda velocidad,
mi cuerpo y mi cabeza comenzaron a desarrollar
una desagradable hostilidad.
Impotente, lo volví a mirar,
a aquel que sentía usurpar mi intimidad,
ocupar mi salón, mortificar mi soledad…

Con furia, abrí de par en par la ventana,
mis largos cabellos, arrastrados por el viento,
interpuestos entre mis ojos y los del cuervo,
cuya presencia de alimaña insoportable,
ya me resultaba intolerable.

 El ave seguía allí, ni siquiera se movió,
casi podía sentir su pico clavándose en mi corazón,
ese mismo al que ya solo los cuervos harían compañía por compasión.
Seguía mirándome, retándome…
Como riéndose de mi imagen suplicante,
de mis lloros y palabras suplicantes.

Me dirigí al sillón y le arrojé uno de sus aterciopelados cojines,
Y luego otro, y otro… De nada sirvió…
Seguía allí parado, inmóvil,  como una estatua
perteneciente al propio mobiliario del salón,
observándome con su recortada silueta
desde su estratégica y estudiada posición.

Solo cuando le tiré el cuarto cojín reaccionó,
sobrevolando toda la habitación,
y empujando a su paso, con el diabólico batir de sus alas,
las cartas de mi amado Markus, directamente a las llamas.
Desesperada, y sin poder hacer nada,
sólo pude ver cómo eran devoradas.

Oh, Markus…
Que en mi mente queden esas hermosas palabras,
esos versos tan románticamente compuestos,
Y que no te fueron devueltos.
Esas promesas con desenlace nupcial,
dedicadas a aquella cuyos ojos ya no te verían más…

Entonces, ya no pudiendo más, abandoné el salón con un arrebato,
deteniéndome entonces en mi puerta,
observando la ventana abierta,
Anhelando mi libertad, esperando poder verlo salir…
Pero de repente, otra sensación se apoderó de mí
pues fue algo muy diferente aquello que vi…

Lo vi a él, parado allí, casi envuelto en la oscuridad enfrente de mí.
Junto a él, otra ventana abierta con ondeantes cortinas,
como esperando que salieran sus miedos y fatigas.
Con ojos rojos por el llanto me miraba,
sujetando fuertemente el gran libro que portaba.
Parecía asustado, atormentado, ansioso… Como yo…

De repente, un segundo cuervo salió volando desde su ventana,
Y el mismo fue seguido por el mío.
No fue alivió lo que sentí al verlo salir,
si he de ser sincera, ni siquiera lo vi.
Mi corazón sintió algo diferente, extraño, hermoso…
Y entonces, solo en ese momento, pude comprenderlo todo…

 Los dos pájaros, o ángeles, alzaron juntos el vuelo,
perdiéndose en aquella plutónica oscuridad,
en la negra e infinita inmensidad…
Y se elevaron… Se elevaron con las alas de nuestras almas,
almas a las que ya no perturbaba la oscuridad,
pues ya no volverían a estar solas, nunca más.


lunes, 2 de mayo de 2016

Ya es mía...



In nomine dei nostri Satanas Lucifer exclesi,
in nomine dei nostri Satanas Lucifer exclesi…

Y así hasta tres… Aquel fue el final de la invocación, la llamada que le hacía al ángel del averno para que escuchara mis plegarias, mis plegarias arrastradas por el viento de la noche entre aromas de ceras derretidas. Me había costado mucho decidirme, pero definitivamente lo había hecho… Estos malditos celos me habían llevado hasta allí.
Nunca había destacado en nada, nunca me había sentido realizado… Desde pequeño siempre había sido el segundón, detrás de mi hermano Markus. El era 3 años mayor que yo, mejor estudiante, mejor amigo, mejor hermano y mejor hijo… No había en él nada que no pareciese perfecto, pero sobre todas esas cosas, había algo en él que destacaba sobre todas las demás: Su gran habilidad con el piano. Markus tocaba ese instrumento desde los 5 años, y lo hacía excepcionalmente bien, según muchas lenguas parecía haber nacido para eso. Mientras, yo seguía solo y apartado, escuchando a diario todos aquellos halagos que nuestros familiares y amigos vertían sobre mi hermano, adulaciones que no hacían más que alimentar a mi corazón con una amarga desazón. Sé que resultaba chocante observar un tan evidente sentimiento de celos y envidia en un niño de tan solo 3 años pero, esa era la pura verdad.
Un día, 2 años después, decidí dar un paso al frente, dispuesto a ocupar mi lugar en aquel mundo que solamente idolatraba a los genios, a los que fueran capaces de hacer cosas que resultaran imposibles para otros y, para ello, me decanté igualmente por la música. Entre todos los instrumentos que encontré a mi disposición, elegí el violín, no porque solamente me gustara especialmente entre todos los demás, si no por suponía un reto para mí. El violín era y sigue siendo el instrumento más difícil que existe, y sobre el que sobrevolaban diversas y siniestras leyendas, asegurando que solo uno fue capaz de dominar dicho instrumento, pues siempre es él el que te domina a ti…
Nada más pedirlo, y seguramente por su sentimiento de culpabilidad por favoritismo, mis padres me obsequiaron con un atezado y hermoso instrumento. Durante días, noches, años… Estuve practicando con aquel violín, encerrado en mi habitación, hasta olvidarme de lo que era tener sensibilidad en las yemas de los dedos índice y corazón de la mano derecha. Mis allegados aseguraban que no se me daba nada mal, pero para mí no era suficiente… Mi hermano seguía eclipsándome de una manera feroz, y yo ya no podía soportarlo más…
Con el transcurso de los años, y tras haber tenido algo de reconocimiento entre los más entendidos del mundo musical, por fin llegó mi momento, el momento de suplantar a mi hermano, de ser mejor que él, de eclipsarlo… Una fuerte gripe lo había obligado a meterse en la cama precisamente el día que tenía que dar un gran concierto, lo cual no pudo ser. Entre delirios de fiebre me pidió que lo supliera, que eligiera una bonita pieza, y que la tocara ante el fiel público que lo había seguido durante tantos años, y ante el que tantas veces tocamos a dúo. Yo, por supuesto, no le iba a decir que no.
Elegí para la ocasión el capricho número 4 de Paganini, una de las más difíciles partituras jamás compuestas, la misma que muy pocos han sido capaces de representar a la perfección. Aquello era perfecto, todo estaba saliendo redondo, era una señal… Aquella era la noche en la que me decidiría a hacer lo mismo que un día habría hecho el mismísimo Paganini, vender su alma al diablo…
Desesperadamente, y solo dos horas antes del comienzo del concierto, me sumergí en los más oscuros barrios de mala fama de la ciudad, buscando uno de aquellos lugares que solo frecuentaban gente extraña y aficionada a lo oculto. Por suerte, no tardé mucho en encontrar a una misteriosa mujer que me ofreció, por muy pocas monedas, llevar a cabo el ritual.
Y ahí estaba yo… Invocando al diablo, pidiendo intercambiar mi alma por lo que más deseaba en aquella vida, ser alguien, destacar en algo… Por un momento, durante tan tenebroso rito, me sentí avergonzado de mí mismo, y sería un mentiroso si no dijera que también sentí miedo. ¿De verdad necesitaba hacer eso para sentirme mejor? ¿De verdad era eso lo que quería? ¿Era lo correcto? Sí, desde luego que si…
Trascurrida una escasa media hora, la diabólica ceremonia llegó a su fin y yo corrí hacia el teatro. El concierto fue un verdadero éxito, simplemente espléndido… Las notas de Paganini eran arrancadas de mi cuarteto de cuerdas, una a una, de una forma maravillosa, con la musicalidad más perfecta que mis oídos hubiera oído nunca… Desde el principio me sentí flotar, como si estuviera soñando, muy seguro de mí… El violín y yo éramos uno, sentía que lo dominaba, su arco bailaba en mi mano como lo haría la mejor parea de amantes, sus cuerdas vibraban entre mis dedos de la manera más armoniosa, más virtuosa que había sentido jamás.
Durante mi interpretación podía ver los rostros de los presentes, la mayoría de ellos aristócratas para los que acudir al teatro era simplemente un pasatiempo, pero, a juzgar por la expresión de sus caras y el tamaño de sus ojos, aquella noche su visita a aquel edificio supuso más que una mera distracción. Solo cuando terminé y el teatro rebosó con aplausos de admiración, volví en mí. Jamás me había sentido tan vivo, tan lleno de júbilo, tan orgulloso… Lo había conseguido…
Rápidamente, nada más terminar la función, corrí hacia mi casa, ahora me tocaba a mí cumplir con mi parte del contrato… Sabía que él vendría, sabía que vendría a cobrarse mi deuda, y yo no quería hacerlo esperar. Apenas curzé unas palabras con mi mujer durante el trayecto de vuelta, ella me notaba raro, desde luego, pero había algo dentro de mí que me decía que era mejor que no supiera nada de lo que solo hacía un rato había hecho. Sus palabras de elogio, a las que solamente contestaba con movimientos de cabeza, no causaron la más mínima reacción en mí, estaba ausente, concentrado… En mi cabeza solamente había una cosa, pagar la deuda con la que esa noche me había empeñado.
Una vez llegué a mi habitación cerré la puerta con llave, dejé mi valioso instrumento sobre la mesita, no sin antes darle una última caricia, como agradeciéndole la gran noche que me había dado. A continuación, relajado, o intentando estarlo, me senté sobre la cama dispuesto a esperar, esperar… Intentaba mantener los ojos cerrados pero una misteriosa fuerza, posiblemente provocada por el propio miedo y nerviosismo que me invadían, me obligaba a mantenerlos abiertos. En silencio volví a observar aquel violín que descansaba sobre su estuche abierto, la luz de la luna parecía acariciarlo, como si por arte de magia se hubiera abierto aquella rendija entre las cortinas para dejarla pasar únicamente para él… Dotándolo de un aspecto fascinante, misterioso y único, pero a la vez siniestro… Tan siniestro que era capaz de provocar una cruel batalla dentro de mí, en el que el miedo y la atracción intentaban ganarse el mismo lugar en mi corazón, en mi razón…
Los minutos pasaban y nada ocurría, el sonido de las agujas del reloj caía sobre mí como gotas de plomo, cada vez más y más pesadas… Los rostros de los asistentes a la actuación volvieron a formarse en mi mente, tan claros como si volviera a tenerlos delante. Lo habían disfrutado, les había gustado, lo había hecho bien. Una fanfarrona sonrisa empezó a asomar en mis labios, empezaba a pensar y a sentir que aquello que acababa de hacer no lo había conseguido gracias a ninguna fuerza sobrenatural o diabólica, sino gracias a mí, a mi talento, a mis dedos…
El tiempo seguía pasando, convenciéndome, con cada segundo que pasaba, de mi propio talento natural, aquel que había llevado encerrado todos estos años anteriores, aquel que otros se encargaron de confinar con sus palabras adornadas de suspicacia. Hasta que, de pronto, pude sentir algo, las llamas de las velas comenzaron a parpadear y… A alargarse, como si algo fuera capaz de cogerlas de sus ardientes puntas y estirarlas.
Ya no estaba solo en la habitación… Por lo que agudicé mis sentidos todo lo que pude para que nada se adelantara a mí, para que nada me sorprendiera… Lo primero que pude percibir fue el sonido de una fuerte respiración que venía desde el rincón que quedaba justo detrás de mí. Lentamente, y aguantando la respiración, pues no quería que ningún otro sonido se interpusiera entre aquella respiración y mi oído, me fui girando. Lo que descubrí a continuación hizo que mi sangre se detuviera, y mi corazón se congelara… Aquel ser era lo más grotesco, terrorífico y espantoso que cualquier otra criatura protagonista de las peores pesadillas que cualquier mortal se hubiera atrevido a soñar jamás.
Su altura no era superior a la mía, pero gracias a los dos imponentes cuernos que brotaban de su frente, daba la sensación de que sí lo era. Sus manos, extremadamente grandes con respecto a su cuerpo, terminaban en uñas afiladas y negras cuya caprichosa forma las hacían parecer garras. Sus pies no eran pies, sino pezuñas de animal… Seguramente, de haber reparado más en ellas, hubiera podido compararlas con las de algún animal de la familia de los caprinos. Su rostro era simplemente indescriptible… Sus rasgos eran muy duros y profundos, sus pómulos estaban tan marcados que parecían incluso capaces de cortar el acero, y su barbilla, extremadamente larga, dotaba al perfil de su rostro con la forma de una media luna. Justo en medio de esa cara, de piel demoníacamente rojiza, dos ojos pequeños, tan rojos como lo debían ser las llamas del infierno, brillaban con malicia.
Durante largos segundo no reaccioné, era como si mi cuerpo entero se hubiera congelado. Pero no tardé mucho en arrodillarme delante de esa figura a pesar de la desilusión que no podía dejar de sentir al saber que había sido obra de él, y no de mi talento, el resultado de aquel maravilloso concierto.
—Lucifer, Rey de las tinieblas.—Le dije.—Te ofrezco mi alma a cambio de lo que esta noche has hecho por mí.
—No aceptar tu alma.—Me respondió el diablo, con una voz tan cavernosa que incluso retumbó en las paredes de la habitación.
—¿Por qué? Es un alma pura, ¿por qué no puedes aceptarla?
—Porque ya es mía…




miércoles, 6 de abril de 2016

Lava




Hoy, y aunque sea una tontería, quiero compartir con vosotros una de las visiones más espectaculares que he tenido en toda mi vida: La del volcán Arenal de Costa Rica.
A lo largo de mi vida he tenido la oportunidad de viajar y ver cosas de las que antes solo disfrutaba en las revistas y en la televisión. Y una de las que más me ha calado, y cada vez que lo cuento todo el mundo me nota aún la emoción en mi voz, es la de este volcán.
Llegamos a San José sobre mediados de noviembre, hace ya algunos años, y durante las dos semanas siguiente estuvimos disfrutando de playas, selvas y demás lugares tropicales. En total visitamos tres volcanes, el Poás, el Irazú y el Arenal, por este orden. Pero aunque los tres se encuentren activos hay algo que diferencia al tercero de los otros dos, la lava viva cayendo por sus laderas…
La primera vez que lo ví fué a través de la ventanilla del automóvil, irguiéndose ante nosotros como una gran mole verde. Lo primero que lo diferenciaba de los otros dos era que este se encontraba solo, alzándose solitario sobre un ancho valle. Su cima estaba cubierta por una oscura nube, y aunque aún no había visto la lava que expulsaba, ni lo había escuchado rugir, podía ver en él la vida de la que carecían los anteriores, ahora convertidos en fósiles de cóleras pasadas, en montañas que una vez rugieron pero que ahora dormían…
En el Arenal, la puerta hacia el centro de la tierra estaba abierta, y un incandescente magma la atravesaba a su antojo. Cuando pudimos rodearlo a pie, vimos como la cara oeste de su ladera estaba completamente verde y plagada de vegetación, mientras la este, aquella que era constantemente atravesada por los ríos de lava sulfurosa, ofrecía el grisáceo aspecto de un paisaje lunar.
Un atrayente aura siniestra rodeaba aquel volcán, que rodeado de la más pura selva recordaba al paisaje sacado de “El mundo perdido” de Doyle, o al mismísimo “Jurassic Parck”. Aquel volcán parecía tener el poder de transportarnos a eras remotas, aquellas en las que aún el hombre no dominaba la tierra, aún virgen, sin contaminación, sin talas, sin guerras…
En torno a esta gran bestia, los costarricenses habían construído al menos una docena de hoteles desde los cuales se podía observar el volcán desde una distancia prudente. Todos ellos eran tranquilos y estaban bastante alejados unos de otros. El “Observatorio VistaLodge” Fue el elegido por nosotros. Por desgracia, no encontramos ningún camino que nos permitiera acercarnos al coloso, todo estaba meticulosamente controlado y calculado, todos los caminos se cortaban una vez se había alcanzado la distancia de seguridad mínima con el Arenal, al contrario que con el Poás y el Irazú, los cuales no contaban con zona restringida. Con este tercer volcán se sentía el respeto hacia la más salvaje naturaleza, con un volcán en erupción no se juega…
La noche es un momento ideal para contemplar al Arenal, y la primera que nosotros pasamos allí estaba totalmente despejada, cubriéndonos un cielo limpio, plagado de brillantes estrellas a las que no tapaba ni él más mínimo ápice de contaminación. No sé a que hora me fuí a la cama ese día, ni tampoco quiero recordarlo, los hilos de lava resbalando por los costados de su perfecto cono para terminar apagándose a los pocos minutos, tan brillantes, tan ardientes… Me hipnotizaban… Claramente recuerdo el retumbo del suelo de la habitación cuando fuí a meterme en la cama, igual que el que suele sentirse cuando tu vecino de abajo arrastra a la vez todos los muebles de su casa.
Ahora han pasado los años, pero aún lo puedo ver en mi mente, en mi recuerdo, tan claramente como si li volviera a tener delante. Espero tener la posibilidad de volver a visitar ese hermoso país de nuevo, espero poder tener el privilegio de tener un espectáculo tan bonito ante mis ojos otra vez… Una de las más impresionantes y hermosas visiones de la naturaleza que he tenido en toda mi vida… Una visión de una naturaleza que entre todos nos estamos cargando…

lunes, 4 de abril de 2016

Como maquetar un libro electrónico con word.

¡Hola a todos!

Siendo consciente de los muchos problemas que  los escritores noveles tenemos a la hora de maquetar nuestras obras, hoy quería daros algunos consejos de como hacerlo usando word, un programa que todos sabemos usar y que además, con un trabajo bien hecho puede dar resultados bastante profesionales.

Solamente el escribir y el pulir nuestro manuscrito nos suele llevar días, incluso semanas... Y eso ya supone mucho esfuerzo, como para también pasarnos horas delante del ordenador a la hora de maquetar. Actualmente existen muchos programas destinados a esta tarea nada sencilla, entre ellos el Adobe Indesing, Quarkexpress, Freehand... Pero como normalmente muchos de nosotros no tenemos acceso a estos programas, (excepto Adobe a Indesing), ¿qué mejor que hacerlo con un programa que si que conocemos muy bien? Solo si se tienen en cuenta una serie de pautas obligatorias a la hora de trabajar, saldremos del paso sin morir en el 
1-Justifica tu texto, te sorprendería la cantidad de gente que olvida este detalle...

2-El tipo de letra no es importante, aunque la que menos problemas da es la Times New Romans, ya que fatiga menos la vista, lo que sí hay que tener en cuenta es su tamaño, ya que este varía dependiendo del tipo de letra que usemos. Hay dos tipos de letra: Las Sans y las Serif. Habitualmente las letras Sans tienen un cuerpo mayor que las Serif, por lo que 10 puntos de una letra Sans equivale a un cuerpo 12 de la Serif. Dependiendo del formato de la publicación, o al público al que el texto esté destinado, es más aconsejable usar un tamaño u otro. 
Para aquellos que tengas más problemas para diferencias las letras Sans de las Serif, aquí os dejo un enlace en el que la diferencia se explica mejor: 


3-Dependiendo de la densidad que se le quiera dar al texto, se puede dejar un mayor o menos espacio entre las líneas, ya que una interlinea más cerrada dará una sensación de texto más densa, mientras que más abierta aumenta la claridad. Y como en el termino medio se encuentra la virtud, un interlineado de 1,5 esta bien, yo lo uso muchas veces, y queda genial.

4-Inserta un salto de página al final de cada capítulo, de este modo, asó el ebook pasará automáticamente de página cuando se termine el capítulo.

5-Utiliza índice al final o al principio del manuscrito, yo suelo ponerlo siempre al final, pero eso es a gusto de cada uno. ¡De las dos maneras quedará genial!

6-Para el título yo recomiendo usar un tipo de letra, a ser posible artística, que llame la atención sobre el resto del texto, pero claro, siempre sin pasarnos demasiado. No importa que usemos palabras o simplemente números para ir diferenciando los capítulos siempre que utilicemos esta norma.

7-Una vez tengamos nuestro texto maquetado, lo guardamos como "Página web filgtrada", de esta manera se creará un documento .htm que podremos subir directamente a Amazon Kindle.

Espero que estos consejos os ayuden a adelantar algo de trabajo con vuestra maquetación, pero aún así, os dejo un enlace del que podréis descargar plantillas para maquetación con word dependiendo del tamaño que queráis que tenga vuestro trabajo final:


IMPORTANTE: Estos consejos solo valen para maquetar un libro electrónico para kindle, ya que a la hora de hacerlo con libros que serán impresos de forma física, también hay que tener en cuenta el detalle de los margenes de corte e impresión que se deben respetar, los cuales varían en cada caso, dependiendo del tamaño final que queramos que tenga nuestro libro.




martes, 29 de marzo de 2016

Bucéfalo



Macedonia, año 327 A.C. 
Eran muchos los atrevidos jinetes, entre ellos los mejores de Macedonia, los que osaban acercarse para intentar montar a aquella gran bestia negra de ojos brillantes. Prácticamente hacían cola para ser derribados. Uno tras otro iban cayendo sobre la arena del suelo, del que, con las rodillas ensangrentadas, se volvían a levantar lo más rápidamente que podían.
Nunca antes se había visto un equino tan grande e impresionante como aquel, en su cuerpo, completamente negro, no se lograba distinguir ni la más mínima mota de diferente color, salvo una mancha blanca en su frente a la que la caprichosa naturaleza había dado forma de estrella. El Rey, Filipo II, lo había comprado la semana anterior por una importante suma,  por lo que en su inexpresivo y frío rostro empezaba a dejarse ver un ligero reflejo de arrepentimiento.
"Nadie podrá montar jamás a este caballo..." Había llegado a pensar el Rey, observando con impotencia aquel lamentable espectáculo.
Desde una de las ventanas del palacio, dos niños pequeños observaban la escena, viendo como caían, uno tras otro, cada uno de los que ni siquiera lograban rozar aquel negro lomo.
—Yo voy a montar a ese caballo.—Le dijo uno de los pequeños al otro, que lo miró con una expresión de sorpresa, a medio camino entre miedo y la incredulidad.—¿No te has dado cuenta? Se asusta de su propia sombra.
El decidido joven se acercó al corro que los hombres tenían formado alrededor de los jinetes derribados, estos, en cuanto lo vieron venir, formaron un pasillo entre ellos para facilitarle el camino hasta el Rey.
—Si me dejas intentarlo, yo lo montaré.—Le dijo a Filipo con decisión.
Por unos segundos, el Rey lo miró asombrado, pera después soltar una carcajada que contagio a todos los presentes. Solo el imaginar a un niño de 9 años consiguiendo lo que ellos llevaban intentando toda la mañana les daba ganas de reír.
—Está bien, adelante.—Le indicó el Rey sin dejar de sonreír.
El silencio se hizo de nuevo cuando el niño se acercó cauteloso hacia el animal y comenzó a acariciar sus duras y ásperas crines para, en un momento de  distracción de la bestia, agarrarlas fuertemente y dirigir su gran cabezota hacia el sol del mediodía. El caballo quedó encandilado en seguida, tiempo que el chico aprovecho para subirse rápida y ágilmente a su lomo. La bestia se quejó con un fuerte relincho y echó a correr, llevando al joven jinete sobre él. La nube de polvo que dejó a su paso hizo que los presentes lo perdieran de vista en seguida.
Todos quedaron boquiabiertos, incluso Fipilo, que ni siquiera pestañeó, manteniendo sus ojos grises fijos en el horizonte.
Pasaron varios minutos y aún no había ni rastro del caballo ni de su montador. Los hombres comenzaron a pensar que el chico habría caído del lomo del animal, pues no habría podido aguantar mucho la fuerza que este rezumaba. Pero de repente, una sombra negra volvió a hacerse visible en la lejanía, y para sorpresa de todos, el pequeño iba sentado sobre ella.
La actitud del fiero caballo parecía haber cambiado de repente, parecía haberse tranquilizado... No parecía el mismo… Con paso lento, firme y relajado avanzó hacia el Rey Filipo, frente al que se detuvo a menos de un palmo de distancia, dejando entonces bajar a su joven domador.
Fipilo abrazo fuertemente al pequeño con el rostro empapado por lágrimas de orgullo. Después lo miró, y le hablo:
—Alejandro, hijo mío. Macedonia es muy poco para ti.

Aquel imponente caballo negro, al que las más osadas lenguas se han atrevido a calificar como híbrido entre camello y elefante a lo largo de la historia, llevó por nombre Bucéfalo, y fue el regalo más importante con el que el Rey Filipo obsequió a su hijo Alejandro. Bucéfalo acompañó a Alejandro el Grande durante toda su vida, y nunca, jamás, permitió que nadie que no fuera él lo montara. 

lunes, 21 de marzo de 2016

Nuevo libro ya en Amazon!!


Hola a todos!!
Ya está disponible en Amazon mi segundo libro, HISTORIAS EXTRAÑAS DE JAPON, podréis obtenerlo a partir mañana, y durante 5 días. Espero de todo corazón que disfrutéis leyéndolo tanto como lo he hecho yo mientras escribiéndolo.

A continuación os dejo el enlace, la portada, y un mini resumen con un ejemplo de las diferentes criaturas que podréis encontrar en su interior. ¡¡Muchos besos!!





SINOPSIS: Desde tiempos antiquísimos, los monstruos y seres sobrenaturales han formado parte del folklore y la superstición de todas las culturas de nuestro planeta. En la mayoría de los casos, estas criaturas se han ido transformando de generación en generación, pasando de ser verdaderamente temidas a simplemente leyendas bonitas y curiosas de recordar. La legendaria cultura nipona no iba a ser menos, contando con una gran variedad de criaturas mitológicas. Algunos de estos seres son terroríficos y, además de asustar, buscan dañar a los humanos. Otros son representados como criaturas encantadoras, amables y guardianes de la naturaleza. Es a estos seres a los que dedico estas historias.

Mini resumen:


ROKUROKUBI: Las rokurokubi siempre son femeninas. Durante el día viven con normalidad bajo el aspecto de mujeres normales, generalmente jóvenes y hermosas, pero cuando llega la noche sus cuellos pueden llegar a estirarse a voluntad. Hay tres tipos de rokurokubi, las que solo buscan a sustar, las que son unas verdaderas asesinas, y las que ni siquiera saben de su naturaleza demoníaca.





DODOMEKI: Es un monstruo con múltiples ojos que cubren su cuerpo. Se dice que los ladrones y carteristas se convertiran en dodomeki al morir y habítarían en los límites de la ciudad.




GASHADOKURO: Son esqueletos gigantes de hasta quince veces el tamaño de una persona normal. Estps yokais se forman a partir de una colecta de huesos de personas que han muerto por inanición, cuyos espíritus se unen en un hambre colectiva.




KITSUNE: Según la mitología japonesa, el zorro es un ser inteligente que posee habilidades mágicas, las cuales ve incrementadas con la edad y la adquisición de conocimientos. Por lo demás, la edad, la sabiduría y el poder de un kitsune son también mayores a medida que aumenta su numero de colas, siendo el más poderoso el kitsune de 9 colas.



TEKE-TEKE: Cuenta la leyenda que una vez vivió en Japón una chica bastante miedosa de la que sus compañeros de clase siempre se burlaban. Un día, la bruma llegó tan lejos que la joven fue empujada a las vías del tren justo cuando este pasada, siendo arrollada y partida en dos por el veloz transporte. Desde entonces, su espíritu vaga por las estaciones de su país, buscando venganza por lo que le pasó...


martes, 15 de marzo de 2016

La dinámica del asteroide.

Siempre me he considerado una enamorada del personaje de Conan Doyle, Sherlock Holmes, que si no es mi personaje de ficción favorito poco le falta para eso. 
Muchas han sido las historias en las que he introducido a este personaje, sin dejar atrás a su buen amigo Watson, por supuesto. No podía dejar de dedicar no unas cuantas líneas, sino unas cuantas hojas a quien había hecho que me volviese más observadora, ja, ja, ja, ja.
Pero hoy quiero citar a otro de los grandes personajes de Doyle, un personaje poseedor de una mente no menos privilegiada que la del propio Sherlock, y sin cuya existencia, el mérito de este súper detective nunca hubiera sido el mismo. El es el Profesor James Moriarty.



La dinámica del asteroide.


La oscuridad se iba apoderando poco a poco del campus universitario de Cambridge, a pesar de los nervios que recorren mi cuerpo, me acerco lentamente a la ventana de mi despacho y me asomo por ella. Varios, cientos de jóvenes estudiantes se apresuran a abandonar las aulas, era viernes, y seguro que más de uno de ellos tenía pensado trasnochar.
“Igual que yo”, pensé al mismo tiempo que cerraba la ventana, la fría brisa del mes de noviembre me calaba los huesos, los años no pasaban en balde por nadie…
Me dirijo de nuevo hacia mi escritorio, esta vez más rápidamente, el cuero del sillón cruje bajo mi peso. Me siento cansado… El no debería venir esta noche, no debería estar aquí… No hacía mucho que había estado en su casa para advertirle, para avisarle de que si no me dejaba en paz lo mataría, acabaría con su vida al igual que hago con aquellos que me estorban o traicionan. Pero no… El tenía que ir más allá de eso, no podía parar… Tenía que meter las narices en los asuntos que no le incumbían… Siempre había sido así, no había nada que se escapara de su privilegiada mente de sabueso. Un sabueso capaz de seguir hasta los más completos pasos que yo daba, y ya empezaba a hacer tambalear todo lo que yo, durante tanto tiempo, había creado. Sabía que mi trabajo llevaba ya varios años siendo un gran rompecabezas para las más altas élites de Scotland Yard, y él no pararía hasta demostrar que yo estaba detrás de toda aquella maraña de robos y crímenes, no se detendría, jamás… Por eso tenía que ponerle fin a su existencia, no podía esperar más… Una pena, pues realmente era alguien brillante, un genio adelantado a su tiempo, como el mismo solía definirse a menudo, alguien cuya inteligencia contaba con el honor de ser comparada con la mía.
“Realmente es una lástima que tenga que morir… Pero él se lo ha buscado, por excéntrico…” Pensé, dirigiendo la mirada hacia el tablero de ajedrez que había sobre una esquina de la mesa, el próximo movimiento era suyo, pero esta vez no me ganaría… No.
Dicho instrumento de distracción descansaba sobre uno de los ejemplares del libro que me había llevado al lugar en el que me encontraba ahora, un tratado sobre el binomio de Newton que ya hace 30 años se me antojó tan pequeño a la hora de escribirlo. Estaba harto de ver copias de ese manuscrito, harto… Si tuviera que contar a todos y cada uno  de los que, de forma tan tardía, me daban la enhorabuena por él, me volvería loco. Aunque ese había sido el primero de mis trabajos escritos, no era del que más orgulloso me sentía, “la dinámica del asteroide”, mi segundo libro, sí que lo era, desde luego que sí… Nadie había sido capaz de rebatirme ni una sola de las teorías que describía en él, ni una sola persona… Mi obra era perfecta, exacta, como todo lo que yo hacía, como las matemáticas… A veces pienso que ese libro me describe perfectamente, una mente inquieta, impredecible… ¿O sí? Creo que solo con él podría mantener entretenidos debates sobre los temas que aquel escrito encerraba, sí… Quizá algún día me anime a regalarle un ejemplar, ¿Por qué no? Así le daría la oportunidad de entender un poco más mi dinámica.
De repente, un toque a mi puerta me sacó de mis tan lejanos pensamientos.
—Adelante.—Anuncié. Mi voz llenó toda la habitación, y el alumno que ahora abría la puerta, me miraba con cara asustada, como si fuera una presa que teme de un posible depredador. Sí, me encanta causar ese efecto en la gente con solo decir una palabra.
Aquel joven solo venía a preguntarme alguna que otra duda que tenía sobre la clase impartida aquella misma mañana. Se llamaba Jhon, y era un alumno muy prometedor, o al menos, eso era o que otros profesores decían, yo solo veía en él una mente curiosa que simplemente resaltaba entre las demás, que a su lado solo parecían meras ovejas…
El joven Jhon se levantó de la silla que quedaba justo delante de la mía, agradeciéndome las aclaraciones con una vivaz, aunque reservada sonrisa. Cuando se dio la vuelta pude ver el estuche negro que colgaba de su espalda.
—Disculpe, Jhon…—El joven detuvo sus pasos en seco, lo que casi le hace tropezar. No sé por qué, pero me recordó a esas tantas personas a las que había amenazado con un arma por la espalda.— ¿Qué es eso que lleva? ¿Quizá un violín?
—Oh… No, Profesor, es una viola. Esta noche toco en el Teatro con la Orquesta de la Universidad.—Me respondió orgulloso.
—Estoy seguro de que será una agradable velada.—Le respondí yo, esforzándome para que mis labios dibujaran una sonrisa que estaba muy lejos de sentir. Odiaba los violines y a todo aquel que los tocara.
El joven estudiante salió de mi despacho, volví a quedarme solo, la oscuridad cada vez era más intensa en el exterior.
Me levanté y encendí la lámpara de pie que había junto a la puerta, volví a sentarme en el sillón… Desesperado, alcancé él compás con el que había estado trabajando aquella mañana y, al ritmo de la música que ahora sonaba en la dorada gramola de mi derecha, comencé a dar pequeños golpecitos en la mesa. Cuando mi fiel amigo Moran irrumpió en el despacho, me apresuré a cubrir con una hoja de papel las cientos de picaduras que ahora cubrían el escritorio.
—¿Sí?—Casi ladré.
—Ya ha llegado, Profesor.
Mi cansado corazón dio un vuelco al oír aquellas palabras.
Rápidamente me incorporé del sillón al mismo tiempo que una alta y delgada figura atravesaba la puerta, sus ojos de rapaz se clavaron en mí, escrutándome con cierto recelo, no pude evitar regocijarme al ver en ellos ese inconfundible brillo inteligente que solo lo caracterizaba a él.
—Bienvenido…—Le anuncié amablemente, señalando la silla frente a mí, frente al tablero de ajedrez.—Hacía ya rato que le esperaba, Señor Sherlock Holmes…