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domingo, 12 de abril de 2026

Relatos en verso

 En Florencia dorada, de sol traicionero, Fran y yo paseabamos, felices primero.

Los jardines Boboli, qué estampa tan fina, pero el calor apretaba... como madre italiana encima.

Yo iba en modo "qué arte, qué luz, qué emoción", y Fran ya empezaba en modo "me voy al más allá en breve, corazón".

Sudaba cual fuente (ironía del destino), y su cara gritaba: esto acaba en drama fino.

-Estoy bien... de verdad... —decía el valiente, mientras se derretía lentamente... muy lentamente.

Y de pronto se para, mirada perdida, yo ya veía venir la tragedia de vida.

—Creo que... me apago... —susurra el muchacho, y yo: "¡NI SE TE OCURRA, que llevas poco rato!"

Salí disparada cual cabra en subida, buscando una fuente que salve la vida.

Turistas, estatuas, calor infernal, yo corriendo en círculos: "¡AGUA YA O FINAL!"

Las cigarras aplauden mi sprint desquiciado, un señor con sombrero me ofrece un helado.

  • ¡NO QUIERO UN GELATO, QUIERO UNA FUENTE!
  • grité desquiciada, sudando la frente.

Y entonces aparece, gloriosa, divina, una fuente brillando cual joya florentina.

Corrí hacia ella en trance total, como si fuera premio de maratón final.

Agua en las manos, regreso triunfal, Fran ya en modo despedida... nivel teatral: mirada al cielo, pose de estatua, le faltaba música y un poco de flauta.

—¡Bebe ya! —le ordeno, dramática yo, y él bebe despacio... y no se murió.

Milagro en Boboli, historia real, pasó de "me muero" a "estoy fenomenal".

Nos miramos y risa, de pura tensión, porque casi me quedo sin novio en excursión.

Desde entonces Fran mira cada fuente como quien respeta a un dios omnipresente.

Y yo aprendí algo, grabado en la piel: en Florencia sin agua... no eres turista, eres pastel.

***************

Salimos de Edimburgo con cara de emoción, en bus hacia el lago Ness, ¡menuda expedición!

Fran miraba el mapa con gesto importante, y yo ya soñando con Nessie... elegante.

El paisaje precioso, verde sin final, montañas y lagos, todo muy postal.

"Esto es increíble", decía yo sin parar, mientras Fran pensaba en no llegar tarde al lugar.

Subimos al barco con viento traicionero, el frío nos calaba hasta el alma, ¡qué acero!

Yo tiritando, envuelta en bufanda y abrigo, y Fran: "Esto es Escocia... es lo que hay, amigo."

Mirábamos el agua con gran expectación, por si salía Nessie a darnos la función.

Pero nada de nada, ni sombra, ni señal, solo olas heladas y un frío criminal.

"¿Lo has visto?" "No he visto nada..."

"Yo tampoco... vaya estafa encantada." Y aun así riéndonos sin poder parar, porque el viaje en sí ya valía el lugar.

Pero llega la guía, con tono decidido:

"A la hora en punto, todos de vuelta, ¡entendido!" Con reloj en mano y mirada severa, más puntual que un tren, ini un minuto espera!

Y Fran, insistente, empezaba el sermón:

"Que nos tenemos que ir, ¡hazme el favor!"

"No te entretengas, venga, vamos ya.." Y yo: "¡Qué pesado eres, déjame mirar!"

Entre risas, carreras y algún que otro bufido, acabamos volviendo, medio congelados y divertidos.

Sin monstruo en el lago, pero con gran recuerdo, de un viaje perfecto... aunque Nessie se hizo el lerdo.


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